martes, 21 de mayo de 2013

En la adolescencia, dialogar siempre ayuda.




“La adolescencia es un torrente con muchos afluentes que redirigir y aprovechar en dirección a un único destino final, la madurez”. Ser adolescente es un navegar duro en el que cada error que cometemos nos va indicando que nuestro cerebro es joven y busca adaptarse al medio. 


El curso de este viaje comienza desde lo más profundo del terreno en las zonas cercanas al tronco cerebral, dónde se ubican los centros del lenguaje y del proceso de emociones como el miedo, hasta otras zonas más nuevas en la superficie relacionadas con el pensamiento complejo, como el surco temporal superior y la corteza parietal superior que participan en la integración de distintas estructuras cerebrales.

El cerebro, "río de la vida convertido en mar", surge de un manantial de aguas puras que va creciendo con fuertes corrientes durante el periodo de la adolescencia haciendo que este sea un periodo lleno de impulsividad y de sentimientos viscerales, todavía no filtrados por la razón, que nos empuja a navegar entre aguas embravecidas.

Las conductas de riesgo muy favorecidas por el mundo exterior contemporáneo, de vida fácil y placer inmediato, tiñen nuestras aguas haciendo que estas sean turbias en su curso hacia la madurez. De aquí, la importancia del diálogo como herramienta imprescindible en el desarrollo del adolescente. Un diálogo en el que los padres, "profundos mares en estado ya maduro", son quienes mejor conocen a "sus propios afluentes".

Y cuando en ese diálogo las interferencias hagan peligrar la desembocadura del río hacia un mar maduro es necesario que busquemos apoyo en profesionales del ámbito de la educación y de la salud para que entre todos, uniendo fuerzas, podamos abrir los diques formados. Un fuerte apoyo, en momentos de bajo flujo, hacia una mayor resiliencia que ayude a la adaptación y supervivencia de las dificultades del camino, algo de lo que el cerebro adolescente está muy bien equipado pero que ha de ser reforzado en la medida en que sea necesario.

En este ya siglo XXI, en el que todavía no está claro aún cual es el impacto del gran volumen de información nueva en la conducta práctica adoptada por los padres y los profesionales vinculados a los jóvenes, aún estamos a tiempo de aprender cómo aprovechar mejor los recursos si no queremos perder "nuestros valiosos cursos de agua", agua que es la que regará nuestro planeta futuro.

Dialoguemos, todos juntos.


Aránzazu Ibáñez
@aranzazu5

miércoles, 8 de mayo de 2013

La violencia entre iguales en la adolescencia.




¿Cual es el perfil de los agresores?


En un estudio realizado con adolescentes (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004) se refleja que los agresores tienen una menor disponibilidad de estrategias no violentas ante la resolución de conflictos, detectando además ciertas carencias en torno a las cuales convendría orientar también la prevención de este problema:

1) Están más de acuerdo con las creencias que llevan a justificar la violencia y la intolerancia en distinto tipo de relaciones, incluidas las relaciones entre iguales. Tienden a identificarse con un modelo social basado en el dominio y la sumisión.

2) Tienen dificultades para ponerse en el lugar de los demás (empatía). Su razonamiento moral es más primitivo que el de sus compañeros, siendo más frecuente entre los agresores la identificación de la justicia con "hacer a los demás lo que te hacen a ti o crees que te hacen". Se identifican con una serie de conceptos estrechamente relacionados con el acoso escolar, como los de chivato y cobarde, que utilizan para justificarlo y mantener la conspiración del silencio que lo perpetúa.

3) Están menos satisfechos que los demás con su aprendizaje escolar y con las relaciones que establecen con los profesores.

4) Son percibidos por sus compañeros como intolerantes y arrogantes y forman grupos con disposición a la violencia, en los que se integrarían individuos que han tenido pocas oportunidades anteriores de protagonismo positivo en el sistema escolar.



¿Cual es la prevención y el tratamiento de la agresión?


Los resultados expuestos en el estudio realizado con adolescentes (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004) ponen de manifiesto la importancia que tiene erradicar situaciones de exclusión del protagonismo académico desde las primeras etapas educativas, y favorecer la identificación de los adolescentes con los valores de respeto mutuo, empatía y no violencia, para prevenir el acoso. 

Para la erradicación de estas conductas agresivas no basta con enseñar habilidades de resolución de conflictos sino que es preciso insertar la prevención en un enfoque más global, con objetivos como:

1) Enseñar a condenar toda forma de violencia favoreciendo una representación que ayude a combatirla.  Las medidas disciplinarias deben contribuir a este objetivo ayudando a generar cambios cognitivos, emocionales y conductuales, que permitan que el agresor se ponga en el lugar de la víctima, se arrepienta de haber empleado la violencia e intente reparar el daño originado. La eficacia de estos tres componentes mejora cuando se integran en un mismo proceso.

2) Favorecer la identificación con el respeto a los derechos humanos, estimulando el desarrollo de la capacidad para ponerse en el lugar del otro, motor básico de todo el desarrollo socioemocional y que en sus niveles más evolucionados se extiende a todos los seres humanos. Así se favorece su comprensión como un problema que afecta a cualquier individuo, puesto que pone en peligro el nivel de justicia necesario para que se respeten también sus derechos.

3) Desarrollar alternativas a la violencia mediante el estableciendo de contextos y procedimientos alternativos en el sistema escolar, a través de los cuales de forma normalizada (sin que nadie se sienta amenazado en ellos) puedan expresarse las tensiones y las discrepancias y resolverse los conflictos sin recurrir a la violencia (a través de la comunicación, la negociación, la mediación…)

4) Promover habilidades en todos los individuos (alumnado, profesorado…) que permita afrontar la tensión y resolver los conflictos sin recurrir a la violencia.



¿Cómo se previene la victimización?


A partir de los resultados obtenidos en los estudios (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004) sobre la situación de las víctimas se desprende que para prevenir la violencia entre adolescentes es preciso:

1) Ayudar a la cohesión entre compañeros y erradicar las situaciones de exclusión desde actividades en el aula como el aprendizaje cooperativo.

2) Favorecer el desarrollo de las habilidades necesarias para dicha cooperación, tanto con carácter colectivo como individual. Estas condiciones no sólo ayudan a la integración de todos los individuos, sino que permiten una detección precoz de los problemas de interacción, que pueden así ser resueltos desde sus inicios.

2) Incluir actividades específicamente dirigidas a prevenir la victimización dentro de los programas de prevención de la violencia, enseñando a decir "NO" en situaciones que puedan implicar abuso, pedir ayuda cuando se necesita y estar preparado emocionalmente para no sentirse culpable cuando se es víctima.

3) Enseñar a detectar y a superar los distintos tipos de prejuicios existentes en la sociedad sobre determinados colectivos, incluidos en el currículum dentro de programas globales que proporcionen experiencias de igualdad y ayuden a erradicar todo tipo de exclusión.


¿Dónde encontrar programas escolares de prevención de la violencia?


Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia,
publicado por el Instituto de la Juventud en tres libros y un vídeo con el mismo título. Distribuidos gratuitamente por dicho organismo a las instituciones que trabajan en este ámbito y que pueden solicitarlos explicando el objetivo de la solicitud a foroinjuve@mtas.es. 

Tienes el acceso directo, haciendo un click sobre cada título:
  1. Materiales "Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia. Volumen I
  2. Volumen II
  3. Volumen III
Y los tres programas de vídeo en la videoteca virtual de ATEI, a través de la dirección www.atei.es, dentro de los «Programas de atención a la diversidad y educación en valores en la escuela actual». 


Además, adjunto la dirección del Blog de María José Diaz-Aguado http://mariajosediaz-aguado.blogspot.com.es/


Fuente de información: 


María José Díaz-Aguado 
Catedrática de Psicología de la Educación, 
Directora del Master Programas de Intervención Psicológica en Contextos 
Educativos, Universidad Complutense 

DÍAZ-AGUADO, M.J. (2004). Educación en valores y adaptación a la diversidad en la escuela actual.

DÍAZ-AGUADO, M.J. (Dir.)(2004). Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia. 


María José Díaz-Aguado. Por qué se produce la violencia escolar y cómo prevenirla. La Revista Iberoamericana de Educación, OEI, Nº 37 Abril 2005
http://www.rieoei.org/rie37a01.htm

COMO MEJORAR LA CONVIVENCIA ESCOLAR ANTE LOS 
RETOS DE LA EDUCACIÓN EN EL SIGLO XXI 
http://www.schoolbullying.eu/doc/Convivencia_escolar.pdf


CONVIVENCIA ESCOLAR, DISCIPLINA 
Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA
http://213.0.8.18/portal/Educantabria/RECURSOS/Materiales/Biblestinv/Revistas_Convivencia_disciplina_prevencion_violencia_MJDAguado.pdf

Otros enlaces de interés:

El acoso escolar y la prevención de la violencia desde la familia

http://www.santamariadelpilar.org/attachments/220_PSICOLOGIA_El%20acoso%20escolar%20y%20prevenci%C3%B3n%20de%20la%20violencia%20desde%20la%20familia.pdf


Mirian García Ramos. AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA

EN LA ESCUELA
http://www.eduinnova.es/monografias2011/feb2011/agresividad.pdf


MONTAÑES SÁNCHEZ, M., BARTOLOMÉ GUTIÉRREZ, R. y MONTAÑES 
RODRÍGUEZ, J.: “El problema del maltrato y el acoso entre iguales en las aulas”, en ENSAYOS, Revista 
de la Facultad de Educación de Albacete, Nº 24, 2009.
http://observatorioperu.com/Articulos%202012/Alex-Problema%20del%20maltrato.pdf


LA EVALUACIÓN DE LA VIOLENCIA ENTRE IGUALES EN LA ESCUELA  Y EN EL OCIO

http://213.0.8.18/portal/Educantabria/RECURSOS/Recursos/Cuestionarios/MJDAguado_prevencion_violencia-cap-1.pdf



El bullying o maltrato y acoso entre niños y adolescentes es intolerable.


Supone una agresión gratuita, cruel y repetida de personas más fuertes o con más poder hacia otras personas más débiles o con menos poder real o percibido. Aunque este tipo de comportamiento es un subtipo de conducta violenta, no ha sido considerado tradicionalmente así. Tampoco ha sido motivo de queja en los centros educativos, entre los docentes, los padres o el mismo alumnado que la padece.









Según los datos de la investigación sobre incidencia y prevalencia, el bullying puede ser la forma más prevalerte de violencia en las escuelas y una de las formas de violencia que es probable que afecten a un mayor número de estudiantes.

El bullying o acoso e intimidación escolar se define como un abuso de poder sistemático, repetido y deliberado. Atenta contra el derecho de los niños y adolescentes a sentirse seguros en un entorno escolar socioafectivo positivo, afectando negativamente a su desarrollo psicológico y social.

El acoso, la intimidación y la amenaza forman parte de un continuum de victimización que puede iniciarse con las bromas a costa de otro, para ir minándole y socavándole a través de acusaciones, ridiculización, humillación, abuso, caza de brujas y terminar, en algún caso, en muerte por asesinato o suicidio. Este tipo de comportamiento tiene consecuencias importantes para el desarrollo a corto, medio y largo plazo para todas las personas que participan en el mismo.

Por ello es muy importante disponer de la información y de las estrategias necesarias para poder prevenirlo y, una vez iniciado, pararlo y ayudar a disminuir sus consecuencias emocionales, físicas y sociales en las personas afectadas.

Uno de los principales resultados de las diversas investigaciones llevadas a cabo sobre el acoso escolar a nivel mundial es, por una parte, el reconocimiento de su prevalencia en las escuelas (Smith et al., 1999; Orte, 2006a), y por otra, sus consecuencias para la salud a corto y largo plazo para las víctimas, quienes padecen esta situación de forma repetida durante una parte importante de su desarrollo.

Los comportamientos que adoptan los espectadores en situaciones de bullying han despertado mucho interés en las propuestas de intervención en la escuela primaria y secundaria dirigidas a este alumnado. La profundización en las causas de la escasa intervención de los espectadores, entre otras: la ausencia de normas y de comportamientos de apoyo en el contexto escolar, el temor a ser también victimizado, la valoración negativa de las víctimas o la falta de estrategias eficaces para intervenir, ha dado lugar al desarrollo de estrategias de apoyo a los iguales dirigidas a los espectadores, en concreto, a quienes observan el bullying, y desearían tener una parte más activa en su prevención.
  
Los espectadores están siendo objeto de interés en la investigación, con la finalidad de formarles para que adopten un rol más activo. El objetivo es implicarlos en comportamientos prosociales de ayuda a sus iguales víctimas de bullying. Con esa finalidad se ha desarrollado y evaluado un conjunto de acciones destinadas a fomentar el potencial de apoyo y ayuda del alumnado que, aunque no está de acuerdo con los agresores, no interviene para ayudar a las víctimas.

Es en este contexto en el que se forma y se da apoyo a este alumnado para que pueda ofrecer distintos tipos de apoyo, ayuda y colaboración a otros en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso del bullying. Se trata de proporcionar el apoyo social necesario a nivel estructural y funcional, para que el alumnado víctima de bullying, participe de las redes sociales de ayuda, mejore la calidad de sus relaciones con sus iguales, y poder prevenir y/o reducir el impacto de estas conductas negativas.

El centro educativo puede contribuir en la mejora de las relaciones interpersonales fomentando la empatía y las relaciones positivas entre los grupos de alumnado, creando expectativas positivas de comportamientos de ayuda y formando al alumnado en respuestas de ayuda que permitan reforzar la autoeficacia personal en estas situaciones de acoso.

La intervención con los observadores es una cuestión prioritaria en el conjunto de las acciones que se lleven a cabo. Se deben poner en marcha programas cuyo objetivo sea motivar a los observadores para que ayuden a las víctimas. Los puntos en los que puede concretarse el trabajo a llevar a cabo invirtiendo los recursos en los observadores incluyen, en primer lugar, formar al profesorado.

Los puntos más importantes a llevar a cabo por parte del profesorado, son los siguientes (Rigby y Johnson, 2004):

1. Ayudar al alumnado a formular y expresar su propia forma de ver cómo deben comportarse los observadores, ayudándoles en la adquisición de las habilidades necesarias para poder ser de ayuda.

2. Animar a la expresión de respuestas empáticas hacia las víctimas.

3. Animar al alumnado a llevar a cabo comportamientos de ayuda y reforzarlos.

4. Enseñar al alumnado formas constructivas de actuación cuando observen comportamientos de acoso en el centro. Siguiendo la propuesta de Rigby (2003b), mediante discusiones abiertas sobre el comportamiento de los observadores ante distintas situaciones visualizadas a través de dibujos, fotos, películas, etc.

5. Identificar y debatir sobre aquellas situaciones en las que el alumnado esté de acuerdo en que intervenir puede ser peligroso, enseñándoles a pedir ayuda a otros.

6. Trabajar con el alumnado sobre las formas en las que el riesgo de intervenir pueda minimizarse, por ejemplo, haciendo afirmaciones que muestren que a uno le disgusta ese comportamiento, en lugar de implicarse físicamente en cualquier pelea, y animando a otros observadores a verbalizar también su oposición.

7. Ensayar con los estudiantes lo que deben decir cuando vean que el bullying tiene lugar llevando a cabo estrategias de juego de rol en situaciones simuladas como observadores.

8. Animar al alumnado a contar a la clase sus experiencias como observadores cuando hayan respondido de forma positiva en situaciones de bullying. Comentar con el alumnado los resultados de su conducta, reforzarla positivamente y explorar las dificultades y las posibles soluciones.

Este tipo de contenidos deben formar parte de estrategias más amplias de trabajo en las que se enseñe a los estudiantes a mostrar su desaprobación, contribuyendo a fomentar respuestas de ayuda entre iguales ante las agresiones.

Con esa finalidad se ha desarrollado y evaluado (Cowie, 2000; Naylor y Cowie, 1999; Cowie y Hutson, 2005) un conjunto de técnicas grupales en la misma línea comentada, pensadas para desarrollar el potencial de apoyo y ayuda del alumnado que, aunque no está de acuerdo con los agresores, no interviene para ayudar a las víctimas. En este contexto y de forma estructurada, se forma y apoya a este alumnado para que pueda ofrecer distintos tipos de apoyo, ayuda y colaboración a otros iguales en situaciones de vulnerabilidad y dificultad como es el caso del bullying.


Los principales tipos de ayuda entre iguales son los siguientes:

- La hora del círculo: con una frecuencia semanal, el alumnado comparte sus preocupaciones y sentimientos con los demás y, si es posible, busca alternativas para mejorar la situación.

- Compañeros amigos: voluntarios de la misma edad o mayores, entrenados en habilidades interpersonales, prestan su ayuda y amistad a otros estudiantes en riesgo de victimización.

- Mediación y resolución de conflictos: estudiantes formados en técnicas de mediación y solución de conflictos ayudan a otros estudiantes a encontrar una solución satisfactoria para ambos ante diferentes conflictos.

- Escucha activa: estudiantes formados en esta técnica ayudan a otros estudiantes en situaciones de malestar en un contexto formalizado y supervisado.

- Tutorización de iguales: estudiantes más mayores formados para este fin guían y modelan a otros más jóvenes mediante el contacto individual y a través de juegos, ayuda en los deberes y escucha en los problemas y preocupaciones.

Las ventajas de la ayuda entre iguales, de acuerdo con los trabajos al respecto de Cowie y Hutson (2005), son las siguientes:

1. El alumnado detecta la violencia en las fases más tempranas.

2. Es más probable que el alumnado confíe en un igual más que en un adulto.

3. Las victimas tienen a alguien a quien acudir y perciben que en la escuela se actúa en el problema.

4. Supone una ayuda también para el profesorado, a quien a veces falta tiempo y recursos para ocuparse de todos los problemas interpersonales que le llegan.

5. El alumnado formado como ayudante aprende habilidades interpersonales que le serán de mucho valor en su propio ejercicio de la ciudadanía activa.

6. Los padres también visualizan y valoran la preocupación de la escuela por el bienestar de los estudiantes.

7. Los sistemas de ayuda ofrecen relaciones potenciales con otros servicios, por ejemplo, los departamentos de orientación y otros recursos dentro o fuera del centro.

8. Entre los ayudantes, a menudo están quienes fueron víctimas de violencia. Esto les hace tener mayor empatía por la experiencia e integrarse en grupos en los que predominan el apoyo y la ayuda. En la comunidad.

La dimensión social de la educación es un objetivo apenas asumido, apenas esbozado en la institución escolar, que sí puede asumirse desde la educación social. El profesional de la educación social puede cumplir muy bien con ese cometido; eso sí, poniendo en marcha proyectos de intervención socioeducativa no sólo en situaciones de inadaptación, sino también de normalidad y de inclusión. No sólo en programas de tratamiento, sino también y, fundamentalmente, en programas de prevención.

La intervención en el bullying no puede asumirse sólo por los centros educativos. Es necesaria una visión ecológica y un compromiso amplio y unánime de los diversos agentes sociales. Esto puede llevarse a cabo a través de programas pensados para las familias que impliquen al profesorado y a otros agentes sociales de los recursos comunitarios como los servicios sociales, de salud, de ocio y tiempo libre, así como los recursos especializados en menores. Se trata de lograr, mediante distintos medios, que el trabajo que se está llevando a cabo en los centros pueda tener mayor continuidad, apoyo, formación, convergencia de mensajes y contenidos educativos.



Fuente de información:

Carmen Orte SocÍas
Universitat de les Illes Balears
La corresponsabilidad educativa y social en el acoso e intimidación escolar. El rol del educador social

http://www.uned.es/pedagogiasocial.revistainteruniversitaria/pdfs/02%20-%2015/02_orte.pdf